La piedra de luna llevaba tres noches sin calentarse.
Rodrigo lo había notado de la misma manera en que se nota la ausencia de un sonido que no se sabía que se estaba escuchando: de repente, en la quietud, el silencio donde antes había temperatura. Se quitó el guante a las siete de la mañana, sentado en el borde de la cama sin haberse levantado todavía, y la piedra estaba ahí, pálida y ordinaria como siempre había sido hasta hace seis meses, sin pulso, sin luz interna, sin nada que la distinguiera de un accidente de nacimiento corriente.
La noche anterior había cenado con Sofía a su derecha y con su abuela presidiendo la mesa con esa elegancia de fortaleza sitiada que Celestina confundía con gracia, y había pasado cuarenta minutos hablando de los viñedos Aldebarán y del estado de las carreteras hacia el norte y del tiempo que haría en junio, que es cuando Sofía había mencionado, con la voz de quien menciona el horario de un tren, que las ceremonias de primavera tendían a resultar más gratas que las de otoño.
Create a free account to unlock all chapters. It only takes a few seconds.
Sign In FreeCreate your own AI-powered novel for free
Get Started Free