La mañana llegó con olor a pescado hervido y a madera mojada.
Diego abrió los ojos al techo de su cuarto en La Tabla y la Rueda, estudió las grietas del mismo modo que había estudiado los tejados de los Angeles la primera vez que trepó a uno de niño, y decidió que el día iba a ser complicado antes de levantarse de la cama.
Tenía una lista de problemas, que era su manera favorita de empezar cualquier mañana difícil.
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