Hay ciertos agravios que no precisan del insomnio para mantenerse vivos. El insomnio los encuentra igual, pero no es su condición de existencia. El agravio de Elena Voss, por ejemplo, Rodrigo lo había archivado en el Libro con una eficiencia casi quirúrgica: tres páginas, tinta negra, fecha exacta, y debajo de la fecha una sola línea en letras de imprenta que decía SOLICITADO PERSONALMENTE, que era la manera de distinguirlo de los rechazos ordinarios, los que no requerían haber cometido el acto previo de creer.
Los rechazos ordinarios eran humillaciones pasivas. El de Voss era otra cosa.
Rodrigo lo supo en el momento en que abrió el sobre y encontró la nota impresa, sin firma manuscrita, sin referencia al título de la obra, dirigida a "Estimado/a autor/a" en un sobre que él había sellado a mano con la dirección de Voss escrita en la misma lapicera con que había terminado el manuscrito. Ese detalle, la impersonalidad del formulario respondiendo a la personalidad del sobre, era la definición exacta de lo que la industria hacía con las personas que se atrevían a tomársela en serio.
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