Miércoles, 12 de febrero. Óscar Brambila Fuentes, director de la colección Papeles Nuevos de Editorial Signo, murió en su oficina de la colonia Escandón a las tres y diecisiete de la tarde. Paro cardíaco. Tenía cincuenta y ocho años y una carta mía de 1998 sin responder archivada en algún cajón que ahora sus herederos vaciarán sin leerla.
Jueves, 13 de febrero. Catalina Wences Suárez, reseñista del suplemento Hoja por Hoja, murió mientras revisaba galeradas en su departamento de la Colonia del Valle. La encontró su gato cuatro horas después. El gato se llamaba, según la nota necrológica, Borges. Me parece excesivo.
No escribió más esa semana. No porque le faltaran palabras sino porque había descubierto, alrededor de la octava entrada de este tipo, que las palabras sobraban. La muerte de Catalina Wences Suárez no necesitaba más de una oración. La muerte de Catalina Wences Suárez había necesitado, en su momento, tres líneas suyas en el número de noviembre de 2001 de Hoja por Hoja: las provincias del sueño, firmado rodrigo saldaña, es el tipo de libro que hace preguntarse si la vocación literaria debería requerir licencia. Rodrigo había memorizado las tres líneas. Se las sabía mejor que cualquier cosa que hubiera escrito en los últimos diez años.
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