Miércoles, 15 de octubre
Anoche no dormí. Esto no es inusual, pero anoche no dormí por razones distintas a las habituales. Las razones habituales son el mezcal, el calor, los perros de la calle Magnolia que se turnan para aullar con la organización sindical de quien no tiene nada mejor que hacer. Anoche no dormí porque estaba leyendo.
El cuaderno de tapas negras tiene una caligrafía que no sé cómo describir sino como funcionarial. No es bella. No es fea. Es la letra de alguien que lleva siglos escribiendo cosas que importan sin que le importen. La instrucción en la primera página ocupa tres líneas y media. He leído instrucciones de montaje de maquinaria de precisión industrial redactadas con más sentimiento. La instrucción dice: escriba el nombre completo de una persona, piense en su rostro con claridad suficiente, y esa persona cessará en el lapso de cuarenta segundos de insuficiencia cardíaca. El cuaderno no dice cessará. El cuaderno usa una palabra que no reconocí en primera instancia pero que en contexto no admite ambigüedad. Tardé un momento en entender que era un tecnicismo. Tardé otro momento en entender que era un tecnicismo serio.
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