La carta salió del palacio antes del amanecer, transportada por un hombre que no sabía lo que llevaba y que, por instrucción expresa de la reina, no sabría jamás lo que había llevado. Era un sobre sin sello, sin firma reconocible, cerrado con una gota de cera color marfil en la que Isadora había presionado no el anillo con la mariposa de la casa Cruelmar sino la yema desnuda de su pulgar izquierdo, como hacía desde los diecinueve años, desde antes de que existiera ningún trono que proteger o ningún apellido que preservar, cuando la única marca que importaba era la del calor de un cuerpo reconocible en la oscuridad.
Ezran Cruelmar la reconocería. La había reconocido siempre.
La carta decía cuatro palabras. Las mismas cuatro palabras que habían dicho todo durante veinte años de distancias calculadas y proximidades aún más calculadas. Isadora las había escrito sin titubear, con la misma mano firme con que firmaba decretos y sentencias, porque había decidido mucho antes de sentarse al escritorio que el titubeo era un lujo que las reinas no podían permitirse aunque a las mujeres les correspondiera de pleno derecho.
Create a free account to unlock all chapters. It only takes a few seconds.
Sign In FreeCreate your own AI-powered novel for free
Get Started Free