El encargo llegó a la Orden de la Oblivión Líquida un martes, que en Valdecruces era el día de los mercaderes y los mentirosos, una distinción que nadie consideraba necesaria porque desde hacía generaciones ambas categorías se habían fundido en una sola cosa útil.
La matriarca Lorena Vash lo recibió en su despacho del tercer sótano, que olía a cobre y a hierbas maceradas durante décadas en vasijas de barro sin tapa, un olor que Mira había aprendido a asociar no con el trabajo sino con la certeza de que el trabajo nunca terminaba. El mensajero era un hombre de mediana edad, ni memorable ni olvidable, que cargaba el tipo de cara que la ciudad produce en serie: rasgos funcionales, mirada entrenada en no revelar adónde había estado ni hacia dónde se dirigía. Depositó sobre el escritorio de Lorena un sobre de papel gris sin sello visible y salió por la misma puerta sin decir nada, porque los mensajeros de cierto rango aprenden antes que cualquier otra habilidad el arte de retirarse sin dejar rastro de haber llegado.
Lorena abrió el sobre con el cuchillo de nácar que guardaba siempre bajo el brazo izquierdo, lo leyó sin cambiar de expresión, y lo dobló en cuatro con la misma serenidad con que se dobla la ropa lavada, ese gesto doméstico y preciso que Mira había identificado desde sus primeras semanas como la señal de que la matriarca estaba procesando algo que ya había anticipado y cuya llegada le producía satisfacción no por la sorpresa sino por la confirmación.
Create a free account to unlock all chapters. It only takes a few seconds.
Sign In FreeCreate your own AI-powered novel for free
Get Started Free