Lo arrestaron antes del desayuno, que era la hora preferida de la reina Circe para las acciones irreversibles, porque a esa hora los hombres no han terminado de convertirse en sí mismos y se sorprenden más fácilmente en el intervalo entre el sueño y la vigilia.
Edmundo oyó los pasos en el corredor antes de que llegaran a su puerta. Eran pasos de guardia ceremonial, no de guardia de servicio: el golpe del metal contra la piedra tenía la cadencia aprendida de quienes marchan para ser vistos, no para ser eficaces. Los contó desde el final del corredor hasta su umbral y cuando llamaron a la puerta ya estaba de pie junto a la mesa con el cuaderno cerrado bajo el brazo izquierdo, vestido con la ropa que había doblado la noche anterior sobre la silla, como hacía siempre desde los cuarenta años, porque era un hombre que prefería estar preparado para lo que no sabía que lo estaba esperando.
Abrió antes de que llamaran por segunda vez.
Create a free account to unlock all chapters. It only takes a few seconds.
Sign In FreeCreate your own AI-powered novel for free
Get Started Free