La habitación de Rodrigo olía a cedro y a una ausencia tan reciente que todavía tenía forma.
Perla lo descubrió primero, como descubría la mayoría de las cosas: en silencio y antes que nadie, mientras llevaba el agua caliente para el afeitado de las siete de la mañana. La puerta no estaba cerrada con llave. Nunca lo estaba, porque Rodrigo Cienfuegos era el tipo de hombre que dejaba las puertas abiertas con la misma convicción distraída con que dejaba inconclusas las conversaciones importantes. Perla empujó la puerta, vio la cama deshecha y el cuarto vacío, y se quedó en el umbral el tiempo exacto que necesitó para registrar los detalles en el orden correcto.
La cama: usada. Las almohadas: hundidas. Las sábanas: dobladas hacia un lado con cierto cuidado, como quien se levanta sin querer despertar a nadie que no está ahí.
Create a free account to unlock all chapters. It only takes a few seconds.
Sign In FreeCreate your own AI-powered novel for free
Get Started Free