Llevaban tres días sin hablar de ello.
No es que hubiera nada que callar: era que las palabras disponibles habían ido siendo gastadas en semanas anteriores, como se gasta el aceite de un candil, sin que uno se dé cuenta hasta que la mecha chisporrotea y la oscuridad entra de golpe. Sancho había agotado sus refranes. Alonso había agotado sus metáforas caballerescas. Lo que quedaba entre ellos era algo más antiguo que el lenguaje y más resistente, una compañía que ya no necesitaba nombrarse para existir.
Caminaban hacia el este. El sol de agosto caía vertical y sin piedad sobre la llanura manchega, que a esa hora no tenía sombras sino solo luz blanca acumulada como cal sobre cada piedra, cada mata de esparto, cada grieta de tierra reseca. Rocinante avanzaba con la cabeza baja y el paso medido de quien conoce el destino aunque nadie le haya explicado la ruta. Rucio seguía a Rocinante con la resignación filosófica que es, en los burros, la forma más elevada de la sabiduría.
Create a free account to unlock all chapters. It only takes a few seconds.
Sign In FreeCreate your own AI-powered novel for free
Get Started Free