Chapter 9: The Execution of the King's Hand

Lo ejecutaron un martes, porque Castelverde tenía sentido del simetría incluso en sus crueldades, y el rey Rodrigo también había muerto un martes, y la ciudad entendía, aunque nadie lo dijera en voz alta, que ciertas cosas debían cerrarse en el mismo día de la semana en que habían comenzado.

La Plaza de la Mariposa llevaba ese nombre desde que una reina de tres siglos atrás mandó arrancar todas las flores del empedrado y plantar en su lugar mariposas de hierro forjado, ciento cuarenta y siete mariposas negras soldadas entre los adoquines con la intención de que nadie olvidara, aunque la reina había muerto sin especificar qué era exactamente lo que nadie debía olvidar, y la plaza había absorbido ese olvido original como una esponja absorbe el agua, guardándolo en la piedra para todos los olvidos que vendrían después.

Esteban Solano llegó a la plaza a mediodía, escoltado por ocho guardias con la insignia Valtorre en el pecho, que era la insignia real desde que la regente había reorganizado la guardia en los primeros días de su viudedad con la eficiencia silenciosa de quien ya tenía el plan hecho antes de necesitarlo. Caminaba sin cadenas porque había aceptado ir sin cadenas, que era la única concesión que la reina le había hecho, no por clemencia sino porque las cadenas habrían dado a la escena un dramatismo que Isadora no necesitaba y Esteban no habría apreciado. Se conocían lo suficiente para eso, al final.

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Chapter 9: The Execution of the King's Hand — El Reino de las Mariposas Muertas | GenNovel