Chapter 10: What Nicolás Found Written in the Frost

Nicolás Solano llevaba tres años sin dormir más de cuatro horas seguidas, y había llegado a considerar este hecho no como una privación sino como una forma de percepción ampliada, una manera de habitar el mundo en su estado más honesto, que era el estado de las tres de la mañana, cuando el hielo hablaba con menos disimulo.

Esa noche particular — la noche en que la carta de Valentina Aurantos llevaba cuatro horas sobre su mesa sin que él la hubiera vuelto a abrir porque necesitaba pensar antes de leer, o leer antes de pensar, o ambas cosas simultáneamente, que era lo que el Muro le había enseñado a hacer — salió a la muralla exterior con su cuaderno bajo el brazo y la lámpara de aceite de ballena que le mandaba su hermano Marcos desde el norte como si el aceite de ballena pudiera protegerlo de lo que vivía en el hielo, que era un malentendido fraternal perfectamente sincero y completamente inútil.

Hacía un frío que no era meramente temperatura sino algo más parecido a una opinión. El Muro de Hielo Eterno se extendía hacia el este y el oeste más allá de donde alcanzaba la lámpara, una muralla natural de trescientos metros de altura que los fundadores del reino habían declarado frontera hace siete siglos con la segura convicción de que las cosas que están muy lejos del poder no son asunto del poder, que era otra de las formas en que los reinos fabricaban sus propias ruinas.

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Chapter 10: What Nicolás Found Written in the Frost — El Reino de las Mariposas Muertas | GenNovel