
En el continente de Valdoria, siete casas nobiliarias han gobernado durante siglos bajo la sombra del Trono de Obsidiana, forjado con los huesos de un dios olvidado. La historia comienza cuando el rey Rodrigo Altamira muere rodeado de diez mil mariposas amarillas que llueven sobre la ciudad de Castelverde durante cuarenta días, señal que los ancianos reconocen como el fin de una era. Su amigo de infancia, Esteban Solano, señor del norte helado, viaja a la capital cuando la reina Isadora de la casa Valtorre le ofrece el cargo de Mano del Rey, ignorando que ese título es la antesala de la traición. Esteban descubre que los tres príncipes herederos nacieron del amor prohibido entre la reina y su primo Leandro, hombre de manos doradas que jamás ha perdido una batalla ni ganado una guerra que valiera la pena. Cuando Esteban intenta revelar la verdad, los muertos de Castelverde comienzan a caminar por los corredores del palacio: son todos los que alguna vez supieron demasiado. En el norte, el hijo mayor de Esteban, Marcos, declara la guerra a los Valtorre mientras su hermano menor Nicolás vigila el Muro de Hielo Eterno, donde algo más antiguo que el reino despierta lentamente. Al oriente, la princesa exiliada Valentina Aurantos cría tres serpientes aladas en el desierto de Areth y aprende que el poder verdadero no se hereda, sino que se destila gota a gota de la desesperación. Las generaciones se repiten, los nombres se confunden, y el trono devora a quienes lo desean con la misma indiferencia con que el mar devora a los ahogados.
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