Conviene advertir al lector, antes de que la narración prosiga, que el presente capítulo es el que Cide Hamete Berenjena transcribe con mayor minuciosidad y el que el narrador considera, por esa misma razón, el más sospechoso de todos. Pues cuando un archivero-droide de fidelidad dudosa se aplica con repentino esmero a un asunto, la experiencia aconseja preguntarse qué es lo que le ha movido a tanto cuidado, y si la respuesta no es más reveladora que los hechos mismos. Dicho esto, y con las reservas del caso, procedemos.
La oferta de la Duquesa llegó a la mañana siguiente, mientras Don Quijano desayunaba en silencio con su holocrón apoyado contra la jarra de infusión y Sancho intentaba descifrar el sistema de calefacción del cuarto de baño, que tenía diecisiete ajustes distintos para el vapor y ninguno que dijera simplemente caliente. Fue Altisidoro, el Duque de semblante siempre complaciente, quien entró en la suite con la propuesta envuelta en la amabilidad exquisita de quien no necesita pedir permiso para nada pero lo pide de todas formas por puro placer estético.
—Señor Don Quijano —dijo, con la inclinación precisa de quien ha practicado inclinaciones desde la infancia—, mi señora la Duquesa, que os tiene en la más alta estima caballeresca, desea honrar a vuestro fiel escudero con un mando provisional. Existe en el sector exterior de esta estación un puesto comercial llamado Barataria. Está, digamos, necesitado de administración.
Create a free account to unlock all chapters. It only takes a few seconds.
Sign In FreeCreate your own AI-powered novel for free
Get Started Free