Las tijeras dicen lo que yo no digo.
Lo aprendí hace mucho tiempo, cuando tenía diez años y el jardinero viejo, Piedra Tres, me puso en la mano este par de tijeras de hierro y me dijo: corta aquí, no aquí, y yo entendí que lo que él me estaba enseñando no era a podar sino a decidir. A elegir qué vive y qué muere y a hacerlo sin vacilación, porque la vacilación daña más que el corte limpio. Piedra Tres murió hace siete años y yo todavía uso sus tijeras. El mango de madera tiene la forma de su palma, no de la mía, y eso me parece correcto. Algunas herramientas deben recordarte a quién te enseñó a usarlas.
Esta noche pode el sauce durante una hora sin pensar en nada, que es mi forma de pensar en todo.
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